Centro de las Artes en Zamora





El culpable del proyecto es
Francisco Serrano Cacho ......
ustedes que opinan? En Teotihuacán no
dejarón poner un edificio a González de León
y estaba a 200 Mts, aquí casi se sube
a la Catedral inconclusa.





| Viernes 27 de Octubre de 2006 |
| Heriberto Cortés Vélez/Cambio de Michoacán
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| No consultaron la opinión del pueblo ni de las autoridades municipales para iniciar la construcción del Centro de las Artes de Michoacán, que actualmente ya se edifica en el Centro Histórico de Zamora, entre el Teatro Obrero y la denominada Catedral Inconclusa, obra que tendrá un costo total de 270 millones de pesos. Así lo señalaron múltiples habitantes de esta ciudad y algunos representantes de asociaciones civiles, quienes en la presentación de este proyecto exigieron la cancelación de la obra o, al menos, su traslado fuera del Centro Histórico zamorano. Diversos funcionarios públicos de los poderes ejecutivos federales y estatales, así como dos legisladores locales se dieron cita en Zamora para dialogar con la prensa y los disconformes con el proyecto, para dar a conocer los objetivos y las actividades que realizará el mismo; sin embargo, no fueron bienvenidos como se esperaba. Entre los presentes se contó al secretario de Cultura, Crisanto Cacho Vega, el director general de Centro Nacional de las Artes, Benjamín Juárez Echanique, órgano dependiente de Conaculta, además de los legisladores Martín Godoy, presidente de la Comisión de Cultura del Congreso del Estado y Martín Samaguey, integrante de la misma comisión. Este último fue el primero en tomar la palabra, al señalar que «faltó tacto y comunicación para que los zamoranos nos sintiéramos parte del proyecto, y no que era una imposición», declaró el legislador, quien por cierto es nativo de esta población. Luego señaló que al tratar de frenar el proyecto, inmediatamente encontraron el compromiso del secretario de Cultura, así como del gobierno del Estado, y apuntó «un reconocimiento especial a Vicente Fox y a su señora Marta (Sahagún)», por la gestión de este inmueble. Martín Godoy, por su parte, dijo que la respuesta al desarrollo también se puede llevar por el lado de la cultura, y argumentó, en torno al rechazo de esta infraestructura, que él ya quisiera llevársela a Lázaro Cárdenas, puerto de donde es originario. El titular del Centro Nacional de las Artes señaló en su turno que este centro formará parte de una red de dependencias similares que buscarán ver la cultura y el arte no como entretenimiento, sino como un punto de apoyo para el bienestar social. Asimismo, el secretario de Cultura se sumó a las alabanzas para este naciente edificio, al señalar sus virtudes y los alcances que se buscarán con el mismo, pero también aludió a la serie de quejas que le fueron presentadas sobre «la cuestión arquitectónica», pero dijo que el proyecto reunió todas las condiciones patrimoniales y de construcción, además de que el plano fue avalado bajo concurso. La finca cultural Entre polvo, ladrillos, resplandores de soldadura y materiales de construcción, más de 50 hombres trabajan actualmente en la construcción de este edificio, el cual se ubica en la Avenida 5 de Mayo, entre la denominada Catedral Inconclusa, que por cierto ya están concluyendo, y el Teatro Obrero. La obra ya está sumamente avanzada, de manera que ya se puede visualizar perfectamente su estructura y sólo le restan los acabados. Con una clara tendencia minimalista y ultra pragmática, esta obra será en su parte estructural de vigas metálicas, las cuales sostendrán paneles semitransparentes como muros. |
Abajo, un estacionamiento subterráneo, mientras que en las dos plantas de este edificio se ubicará un taller de gráfica, otro de pintura y dibujo, cuatro salones pedagógicos para la teoría de las artes, una teleaula, una sala de juntas, dos salones de danza contemporánea y clásica, uno de práctica escénica para teatro, diez salones de estudio individual para música, otro para canto coral, uno más de teoría musical y otro para estudio de conjuntos instrumentales, además de baños, bodegas, cafetería, librería, galería, biblioteca y oficinas generales.
Sin embargo, uno de los puntos en discordia fue un pico en la planta alta, que formando una escuadra obtusa de 45 grados, asoma hasta la mitad de la vía pública.
Esto no implica problema vial alguno, como lo reconocieron los inconformes, pero el conflicto recae en que si las propias autoridades no acatan la ley de respetar la prohibición para construir en la vía pública, cómo esperan que la respeten los zamoranos.
Aún así, el secretario de Cultura señaló que este pico forma parte de la obra creativa de un arquitecto y no se le puede modificar, pero agregó también que durante varios meses estuvo expuesta la maqueta en la Presidencia Municipal de Zamora, para que los pobladores pudieran analizar el proyecto.
La réplica
En contraste, todas las declaraciones anteriores fueron desmentidas por diversas agrupaciones que se dieron cita ahí mismo.
La anterior en primer lugar; una vez que Crisanto Cacho Vega señaló la exposición de la aludida maqueta, múltiples voces gritaron «falso», «mentiroso», «nunca hubo tal maqueta».
Luego de una breve serie de acusaciones y vituperios en contra de las autoridades, el secretario llamó a la calma y solicitó le dejaran hablar, con el fin de que conocieran el proyecto, aunque una voz se predispuso: «Y para qué lo vamos a conocer, si ya están terminando la obra».
Los objetivos
Entre las necesidades y atenciones que cubrirá este centro, en una presentación multimedia, los funcionarios del Centro Nacional de las Artes, expresaron que en los objetivos está «vincular la educación, creación y difusión de las artes».
Otros objetivos serán «promover la participación de la sociedad en los procesos culturales y artísticos, articular la educación con la vida artística de la entidad, la región y el país, elevar el nivel de la práctica artística de los creadores, fortalecer el perfil de maestros de educación básica artística, así como de de casas de cultura».
Pero también apuntó que buscarán «mejorar los programas educativos y servicios culturales, apoyar la formación de profesionales en gestión y patrimonio cultural y procurar infraestructura especializada de calidad mundial».
El debate
Dos horas más tarde, luego de discursos y promesas, se atendieron las preguntas y comentarios de los inconformes, como el caso de Carlos Vargas, presidente del Patronato para la Construcción de la Catedral Inconclusa, quien dijo que no se oponen a la creación ni a la construcción de este centro, sino a su ubicación, donde desencaja con el resto de la arquitectura.
«¿Por qué se daña a una ciudad en sus reglamentos, por qué se brincaron los reglamentos municipales?», cuestionó.
De igual manera, Felipe Peña Verduzco, secretario general del grupo Medio Ambiente Zamorano, opinó que le parecía interesante la «lavada de coco que nos vino a dar aquí este señor (el titular del Cenart), pero lo cierto es que este es un proyecto totalmente ilegal e inmoral».
«No se pueden seguir construyendo obras sin la consulta del pueblo, la cultura no es el espacio físico, la cultura está en las calles, en las familias y las gentes… La alta elite será la única que podrá tener acceso a este centro», cuestionó otro zamorano.
Todos los que en su turno hablaron desmintieron la versión del secretario de Cultura, respecto a la exposición que se hizo de los planos y la maqueta de la obra, pero de manera especial una voz que sólo se identificó como regidora del Ayuntamiento, señaló que en su diario entrar y salir de las oficinas municipales, nunca vio tal maqueta.
«Jamás el fin va a justificar los medios, no se pueden saltar las leyes municipales y estatales»; y agregó que nunca hubo un dictamen de impacto ambiental de Suma que avalara la obra, ni mucho menos un dictamen del cambio de uso del suelo.
Marco Ballesteros, secretario del Colegio de Arquitectos de Zamora, por su parte, expresó que nunca les expidieron la información que ellos solicitaron, por lo que suponen que no hay un fundamento del emplazamiento de este centro en este lugar preciso, o dicho de otro modo, no lograron justificar la necedad de poner este edificio a mitad del Centro Histórico.
«Que le corten el pico»
Respecto al marco jurídico que legisla la construcción de obras sobre la vía pública, Martín Godoy no argumentó nada en este rubro, sino que se limitó a decir «que le corten el pico, si ese es el problema que se lo quiten, si se está violando una norma, pues que se corrija el diseño del edificio y ya».
Expresó que «el maquillaje del edificio no importa, lo importante es lo que pasará dentro, las funciones, las acciones, el equipamiento que tenga, el fondo es magnífico, ya quisiera yo la mitad de este edificio en Lázaro Cárdenas; Zamora va a crecer mucho, será un gran centro de producción artística».
Finalmente trascendió la cifra que se gastará en esta construcción: 270 millones de pesos, los cuales se están invirtiendo en un edificio de dos plantas y un «gran teatro», como lo definió el secretario de Cultura, aunque visto de cerca, el teatro no tendrá capacidad para más de dos mil personas.
En una secuencia de la magistral El manantial (King Vidor, 1949), inspirada en el trabajo del arquitecto Frank Lloyd Wright, un potentado que pretende que el protagonista transija ante un proyecto "demasiado moderno" le espeta: "Por encima de todo somos sus clientes y su deber es servirnos". Ante el envite, el artista lanza un órdago: "Yo no construyo para poder tener clientes; quiero clientes para poder construir". Frase lapidaria que encierra no sólo un concepto empresarial sino también una filosofía de vida.
Algo así pensó en un determinado momento de su carrera Frank Gehry, artífice del Guggenheim de Bilbao y hoy día uno de los arquitectos más reputados del mundo. Había decidido dejar de claudicar, adelantarse a su tiempo e iniciar el camino hacia la libertad. Un recorrido que Sydney Pollack ha intentado plasmar en Apuntes de Frank Gehry, interesantísimo estudio sobre la condición artística plasmado a base de esbozos, de pausadas conversaciones entre amigos. Desde luego, no estamos ante un enrevesado informe para especialistas, sino ante una obra de información cultural, ética y casi política, elaborada con el habitual estilo nada pretencioso de Pollack. En un tono acogedor, la genialidad de Gehry se abre paso de tal forma que sorprende el contraste entre su relajado talante y el aspecto demente de sus edificios más emblemáticos.

William J. R. Curtis (Birchington, Reino Unido, 1948) es uno de los críticos de arquitectura más incisivos de los últimos años. Defiende la construcción por encima de la teoría y es autor de un libro clave, La arquitectura moderna desde 1900, cuya última edición Phaidon lanzará en España el mes que viene. Ha estado en Madrid para hablar de On site, la exposición de arquitectura española que el MOMA inauguró el pasado febrero en Nueva York y que, hasta el 14 de enero de 2007, puede visitarse en el Jardín Botánico de Madrid.
Pregunta. Usted critica abiertamente On site, que tanto revuelo ha causado entre los arquitectos españoles. ¿Qué tiene de malo la ya llamada 'lista del MOMA'?
Respuesta. La arquitectura española tiene un problema de complejo transatlántico. Esta muestra pretendía hablar de lo que se hace en España. Y termina siendo un endeble "por cierto, en España también crece algo interesante al lado de los grandes nombres internacionales". Que España trate de justificarse a través del juicio de una cultura en declive, como la americana, me parece trágico y estúpido. El MOMA lleva años con el norte perdido y esta exposición es el último trabajo de un comisario que busca nuevas proyecciones y parece que las ha encontrado aquí, en Murcia, por cierto.
P. ¿Qué falla en la muestra?
R. Que Zaha Hadid construya en España no legitima lo que se hace a su alrededor. De hecho, puede impedir ver que lo que se hace a su lado es mejor que ella. La mitología transatlántica es ridícula, vergonzosa. Pero puede ser muy dañina. En la muestra hay muchos proyectos de Murcia. Eso sorprende. Luego supe que el comisario de la muestra es consultor para un Centro Internacional para la Arquitectura que, casualmente, se levanta en Murcia.
P. ¿Qué le parece además criticable de la exposición?
R. Sus dos pilares. Parte de la base de que la modernidad llegó a España de la mano de la democracia. Eso es un absurdo. O una ignorancia. En la época de Franco en España se construyó una espléndida arquitectura moderna. Coderch, por ejemplo. Es más, había arquitectura moderna de izquierdas y arquitectura moderna de derechas. El tema es tan complejo que no se puede reducir a una falsedad. La exposición habla en términos paternalistas. El MOMA dice: "Les dejamos el Guernica cuando demostraron que eran demócratas".
P. ¿La muestra no refleja la arquitectura española actual?
R. Refleja la arquitectura como objeto de consumo. Claro que tiene relación con el problema mundial de las marcas. Si un alcalde provinciano quiere tener reconocimiento mediático, hace como una bodega: piensa en la arquitectura como vía publicitaria. Yo puedo entender que un edificio de Gehry reciba atención internacional inmediata. Pero no debemos olvidar que eso es sólo una parte de lo que la arquitectura puede ser. Si consideras toda la arquitectura como una valla publicitaria tienes un problema como comisario. O todos, como sociedad. ¿Por qué teniendo a gente que ha sabido digerir la historia como Moneo o Navarro Baldeweg, España quiere apostar por el espectáculo?
P. ¿Cómo juzga las intervenciones de las estrellas?
R. Cuando el Reina Sofía era un espléndido museo con dos ascensores marcando su entrada nadie hablaba de él. Hoy todo el mundo tiene en boca la pieza de nouvelle cuisine que ha firmado Jean Nouvel. Pero ¿alguien puede decir que eso funcione como un museo? ¿En qué ha quedado la plaza pública del concurso? ¿En asfalto contaminado y ruidoso que se cierra por las noches? ¿Qué es lo que importa de ese museo, su uso o la foto?
P. ¿Encuentra algo positivo en la arquitectura actual?
R. Hoy en la arquitectura hay espacios como supermercados, envoltorios espectaculares y trucos. Es fast arquitectura, pura imagen. Y es muy triste que España compre eso. No creo que promover el espectáculo sea promover la buena arquitectura. Escuchar esto puede ser duro para un alcalde que cree que está apostando por la arquitectura cuando confía en un Premio Pritzker.
"Esto es culto a la personalidad"
William Curtis también es crítico con la arquitectura que viene: el Palacio de Congresos de Córdoba y la Ciudad de la Cultura de Santiago. "Córdoba es un lugar inimitable. Pero han decido cedérselo a Rem Koolhaas. Él avisó en uno de sus libros: 'A la mierda el contexto'. Y como premio lo invitan a intervenir en uno de los contextos más importantes de Europa. Por supuesto que lo envía a la mierda. Y los clientes, contentos. Eso se llama culto a la personalidad, no arquitectura". Respecto a Galicia, "a principios de los noventa trataron de recuperar la monumentalidad de la ciudad discretamente con el Centro de Arte de Álvaro Siza, que resuelve historia y modernidad de un solo trazo. De repente quieren un monumento mundial ¿y qué deciden hacer? Le encargan a Peter Eisenman una arquitectura sexy, del momento: con todas las palabras clave de finales de los noventa: pliegues, distorsiones, bla, bla, bla... Es algo faraónico, no real y la arquitectura debe ser real".

La casaView propone una relación directa entre el espacio exterior y el interior
"Sin duda, las casas son obras interesantísimas porque es el único programa en el que todo el mundo tiene la experiencia de habitar, y algo que decir. Pero en arquitectura no importan tanto los temas, sino estar abierto a los problemas particulares, que es la mejor manera de que surja algo inédito", cuenta Diego Arraigada, arquitecto rosarino nacido en 1972, que junto con el estudio Johnston Marklee de Los Angeles está construyendo la View House, una vivienda experimental de 270 m2, en un lote de 2150 m2, en el Club de Campo Kentucky Funes, Rosario.
-¿Cómo surge una obra inédita a partir de un programa típico?
-Tratamos de plantear a los proyectos buenas preguntas iniciales. En la View House fueron: ¿cómo hacer una casa relativamente chica en un terreno amplio y con buenas vistas a 360°?, ¿cómo hacer que el terreno parezca más grande?, ¿cómo lograr una forma maleable y ambigua sin que sea una materialización directa del diagrama conceptual?, ¿cómo se percibe el volumen a medida que se lo rodea? y ¿cómo se percibe el paisaje a medida que se recorre la casa?
-¿Debe haber coherencia entre interior y exterior, y entre las distintas fachadas?
-No necesariamente, pero en esta casa hay una relación directa muy interesante, ya que las formas de la envolvente se perciben como cóncavas o convexas según se esté adentro o afuera. Respecto de las fachadas, intentamos borrar las jerarquías clásicas para lograr un objeto monovolumen.
-¿Cuál será la relación del usuario con el paisaje y las casas vecinas?
-Se pretendió incorporar el paisaje como una serie de fotogramas cambiantes dentro de los ambientes, por lo que la forma y la ubicación de cada ventana fueron muy estudiadas, desde adentro y desde afuera. La mejor vista -la de un monte de eucaliptos- y la mejor orientación se hicieron coincidir con el estar y la habitación principal. Donde hay vecinos, la ventana se ubica muy alta contra el cielo raso, para ver el cielo mientras se está a resguardo. La estrategia primaria del proyecto consiste en establecer una relación coreográfica entre el interior doméstico y las visuales panorámicas del paisaje circundante. La casa integra la circulación del ciclo de vida cotidiano con el paisaje natural que se desarrolla a 360°, en una reelaboración del concepto de promenade arquitectónica, que afecta directamente la articulación de los espacios interiores y la forma exterior de la casa, más parecida al Guggenheim de Wright que la Ville Savoye de Le Corbusier.
-Para hacer una casa, a diferencia de un electrodoméstico, un auto o cualquier producto industrializado, no se hacen prototipos de ensayo y el cliente espera que sea infalible ¿Qué opinás?
-La casa pensada como algo infalible es imposible. Vivir en una casa es un ejercicio constante de descubrimientos, apropiaciones, reparaciones de averías, etcétera. Crece y se modifica junto con sus habitantes. Incluso Alvaro Siza dice: "Nunca he sido capaz de construir una casa, una casa auténtica".
Por Federico Prack
De la Redacción de LA NACION
En corte
Diego Arraigada (1972)
Arquitecto egresado por la Universidad Nacional de Rosario, graduado con medalla de plata; Premio Fundación Arquitectónica; Beca Fulbright para programas de master; master en la Universidad de California
Referentes
Arquitectos Roberto Shiira, Gerardo Caballero, Marcelo Villafañe, Rafael Iglesia, Jorge Scrimaglio, Sharon Johnston y Mark Lee
Películas, libros y artistas favoritos
"Además de Jorge Luis Borges, admiro el arte donde se destacan la inteligencia, la libertad y la ausencia de prejuicios"
Software y tecnologías aplicadas
Programas de CAD y Rhino, Adobe Illustrator y fotografía digital.
Materiales favoritos
"Cualquiera que sea consecuente con el lugar y con su potencial en la manera de utilizarlo"
Links recomendados
"Todos. Internet es un lugar para visitar y aprender a discernir lo que puede haber de interesante entre tanto ruido"


LE MONDE | 23.10.06 | 15h46 • Mis à jour le 23.10.06 | 15h46Dans le vieux bâtiment des Subsistances, site principal de la manifestation, chaque agence a son espace, séparé de cloisons flottantes. Une certaine souplesse était laissée aux trente élus : ils se trouvent réunis par la blancheur et la légèreté de leurs maquettes, parfois "meublées" jusqu'à la garde avec cet esprit mi-jeu mi-sérieux qu'on ne trouve qu'au pays du Soleil-Levant.
La plupart des bâtiments ont été construits à Tokyo, quelques-uns à Kyoto ou Osaka, rarement plus loin. Semés dans le tissus composite de ces villes, dont le panorama recouvre les murs pleins des Subsistances, ils se démènent avec grâce pour exister, s'amuser, surprendre, et sont acceptés par les buildings qui les dominent ou par les maisons qui les enserrent, mais sans jalousies.
La façon dont les architectes nippons dessinent des petites maisons, autour de 100 m2, apparaît comme l'aboutissement d'une recherche formelle obstinée. Elle commence avec la génération des architectes modernes et des "métabolistes" (Kenzo Tange, Fumihiko Maki, Kiyonuri Kikutake), parfois secoués par des éclats de rire nerveux. Elle est pacifiée par Tadao Ando - il devait construire la Fondation Pinault dans l'île Seguin -, puis anéantie par la crise des années 1990 et le tremblement de terre de Kobé.
Trois agences, principalement, ont pris la relève. Shigeru Ban, qui construit l'antenne du Centre Pompidou de Metz, explore la solidité cachée des matériaux les plus fragiles, tandis que l'ex-duo formé par Kazuyo Sejima (auteur du futur Louvre de Lens) et Ryue Nishizawa, naguère réunis à l'enseigne de SANAA, a investi les avatars des matériaux les plus contemporains pour renouveler, à partir de l'enveloppe, la conception de l'espace intérieur.
REGISTRE LUDIQUE ET SENSUEL
Ces architectes sont, dans ce registre, les successeurs du troisième rénovateur de l'écriture japonaise, Toyo Ito, qui vient d'achever l'hôpital Cognacq-Jay, à Paris. Ito, le plus âgé mais pas le plus usé (il est né en 1941 en Corée) de ces créateurs, est présenté en solo dans le "hangar" du FRAC Centre. Quatre réalisations au travers desquelles il semble vouloir faire vivre ses bâtiments (la médiathèque de Sendai, Tod's Omotesando, à Tokyo), au risque de flirter avec les vieilles fadaises de l'organicisme architectural et la fascination pour la métaphore proliférante des coquilles (le parc de relaxation de Torrevieja, Espagne, en construction).
Pour l'heure, la plupart des architectes présents aux Subsistances s'ancrent dans un registre plus simplement ludique, sensuel, esthétique, qui fait de l'édifice, non pas un être indépendant capable de courir sur ses pattes, mais un prolongement de l'homme, de l'habitant. Un bidule géométrique et souvent très technique, qui serait un élément léger, statique, intermédiaire entre le vêtement porté et le mur porteur. Mais il y a aussi, ici ou là, du poids, de la gravité, du secret, et même la gymnastique du porte-à-faux, un leitmotiv de la nouvelle génération indiquant que l'architecture n'a pas perdu l'usage de ses muscles, voire du dopage. Notons qu'un Français se cache au sein de ces Nippons : l'architecte Manuel Tardits, un des quatre partenaires de l'agence Mikan, qui a collaboré à la réalisation de l'hôpital Cognacq-Jay.
Terunobu Fujimori, à qui a été confié le pavillon de la Biennale d'architecture de Venise, est également présent à Orléans. C'est un joueur et un savant qui va chercher, dans les traditions japonaises les moins connues et des matériaux qu'on croyait oubliés, les motifs pour percher ses maisons de thé dans les arbres. Fujimori rejoint, un rien de fantaisie en plus, la vedette d'Archilab, Kengo Kuma, qui, lui, occupe un large espace au Carré Saint-Vincent. Comme son objectif déclaré est d'"effacer l'architecture", et qu'il le fait avec une force et un raffinement rares, nous lui laisserons ici sa part d'ombre, en souhaitant que chacun aille le découvrir dans le merveilleux labyrinthe constructif que nous offre Archilab.
Archilab 2006. Subsistances militaires, 88, rue du Colombier, Orléans (Loiret). Le Carré Saint-Vincent, bd Aristide- Briand. FRAC Centre, 12, rue de la Tour- Neuve. Tél. : 02-38-53-06-16. Du mardi au dimanche. Jusqu'au 23 décembre. Sur Internet : www.archilab.org.
La arquitectura ama el cine, pero este sentimiento es rara vez correspondido. El ojo en movimiento de la cámara se ha alimentado copiosamente de la construcción contemporánea, y sin embargo no es frecuente que el cine se proponga desentrañar los mecanismos de la creación del espacio, prefiriendo limitarse al consumo de escenarios y al ocasional protagonismo de algún arquitecto de dibujos animados. Hace tres años, la película de Nathaniel Kahn sobre su padre, el legendario Louis Kahn -My Architect. A Son's Journey-, fue un testimonio conmovedor del viaje de un hijo ilegítimo hacia sus fuentes biográficas y hacia el corazón de la arquitectura, un retrato ensimismado, amargo y perplejo del progenitor al que apenas llegó a conocer y del maestro cuyas huellas se buscan en edificios impasibles, y una prueba palpable de la poesía y emoción con que el cine puede comenzar a saldar su deuda con la construcción. Esta temporada, los documentales de Sydney Pollack sobre Frank Gehry y de Mirjam von Arx sobre el pepino de Norman Foster, que se han estrenado de forma casi simultánea, suministran visiones abiertamente enfrentadas sobre el papel social, artístico y urbano de la arquitectura, y sobre los procesos de colaboración profesional, negociación económica y pugna política en los que se enmarca.
En Apuntes de Frank Gehry, el director de Hollywood dibuja a su amigo arquitecto con los trazos hiperbólicos del genio, y tanto en sus relajadas conversaciones como en las numerosas entrevistas a clientes empresariales o colegas artistas, el veterano maestro de Los Ángeles aparece como un niño juguetón y sabio que produce belleza con espontaneidad distraída, por más que asegure necesitar sufrir, porque "cuando sale demasiado fácil es que está mal". Pero el cineasta desmiente sus palabras filmándole mientras dibuja con fluidez sus líricas madejas de líneas enrevesadas o mientras construye pequeñas maquetas con cartulina y cello, pensativo a veces, alborozado las más; y le contradice también cuando el arquitecto manifiesta su admiración por los pintores, y asegura no haber logrado crear "superficies pictóricas", un gesto de humildad que Pollack contrapone a una sucesión fascinante de fachadas tornasoladas y ondulantes. Al final, la maqueta queda bien "cuando tiene un aspecto suficientemente estúpido". "¿Y el material?". "No lo sé todavía". En todo caso, "los edificios tardan tanto en construirse que cuando se acaban ya no me gustan".
Desde el Michael Eisner de Dis
ney o el Rolf Fehlbaum de Vitra hasta el Thomas Krens del Guggenheim o el Dennis Hopper que vive en una casa diseñada por él, todos sus clientes se unen en una letanía de admiración polifónica; los artistas, de Ed Ruscha o Chuck Arnoldi al ubicuo Julian Schnabel, se suman con entusiasmo al coro de alabanzas; y los escasos arquitectos entrevistados, desde el ya muy debilitado Philip Johnson a los críticos Charles Jencks y Herbert Muschamp, expresan opiniones que van desde el aplauso al entusiasmo. Sólo el historiador Hal Foster pone una nota de censura, y tan confusamente expresada que más bien legitima el tono complaciente del retrato. En este océano de halagos y de almíbar, el personaje más pintoresco resulta ser Milton Wexler, su psicoanalista durante los últimos 35 años, que irónicamente rehúsa el mérito por la transformación creativa de Gehry (tras el inicio de la terapia abandonó la arquitectura convencional que hasta entonces construía) y explica cómo desanima a los muchos arquitectos que acuden a él en busca de una receta milagrosa desde que se corrió la voz acerca de su método.
Con un enfoque casi exactamente opuesto a la exaltación californiana de la inspiración individual, Building the Gherkin presenta la construcción del rascacielos londinense como una empresa colectiva, y la joven directora suiza Mirjam von Arx logra transmitir con admirable verosimilitud tanto la complejidad de los escenarios políticos y mediáticos donde surge la arquitectura como la diversidad de sus protagonistas técnicos y empresariales. Combinando el espectáculo emocionante de la edificación en altura con la narración de las vicisitudes laberínticas de su planificación y los inevitables conflictos y crisis de su desarrollo, la cinta es a la vez un relato heroico y una comedia de costumbres, tan pedagógica en su registro de los procesos de ejecución y toma de decisiones como perceptiva en el retrato de los personajes, una multitud de ejecutivos, burócratas, diseñadores y contratistas: desde el propio Norman Foster, que argumenta con corrección exacta y helada, hasta el casi siniestro gerente municipal de urbanismo, Peter Wynne Rees, y pasando por los representantes del cliente -la aseguradora Swiss Re-, encabezados por una formidable, cálida e intimidatoria Sara Fox, todos se perfilan con empatía y sentido del humor, fabricando con sus indecisiones, fobias y desencuentros una soap opera vital y vibrante.
El rascacielos se levanta en el
emplazamiento del Baltic Exchange, un edificio destruido por las bombas del IRA, y su construcción se había iniciado cuando se produjeron los atentados del 11 de septiembre, de manera que la película recoge a la vez el impacto del terrorismo sobre la seguridad de la construcción en altura y sobre el balance de la propia compañía aseguradora que promueve la torre, marcando unos compases sombríos que se compensan con otros episodios de alta comedia, como los que documentan la decisión de contratar el interiorismo -con gran disgusto de Foster- a una firma distinta. Producto de cuatro años de trabajo, el documental sobre el primer rascacielos construido en la City en los últimos 25 años -que comenzó como un proyecto extraordinariamente controvertido y ha acabado siendo un símbolo de Londres, y escenario ya de películas como Instinto básico II y el Match Point de Woody Allen- es sobre todo una descripción minuciosa y titánica de cómo la arquitectura se enreda con la vida, y un homenaje crítico y lúcido a las mujeres y hombres que hacen posible ese milagro, la materialización en el espacio de un sueño dibujado. En ese territorio improbable hay bien poca distancia entre Foster y Gehry, y la recién terminada pirámide del británico en Kazajistán se antoja tan onírica como las mareantes formas etílicas del californiano en La Rioja alavesa. Al cabo, sombras todas, construcciones de película, sueños de la razón o íncubos de la razón dormida.
Pirámide de Norman Foster en Kazajistán (izquierda) y hotel en las bodegas Marqués de Riscal, de Frank Gehry, en La Rioja alavesa. (NIGEL YOUNG / THOMAS MAYER)
La Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona, obra de Josep Llinás y Joan Vera, ha sido proclamada como ganadora del Premio FAD de Arquitectura, el galardón más prestigioso en su género de los concedidos en España. El fallo de los premios FAD de Arquitectura e Interiorismo se ha hecho público hoy en el museo de la ciencia CosmoCaixa de Barcelona, en el transcurso de una velada.
Entre las obras arquitectónicas finalistas que han resultado derrotadas figuraban el Teatro Olimpia de Madrid, la Biblioteca y Centro de Artes de Sines (Portugal), el Madrid Arena, la rehabilitación del Mercado de Santa Caterina de Barcelona (Enric Miralles), la Torre de Aguas de Barcelona (Jean Nouvel) y la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas (Richard Rogers).
En la categoría de Interiorismo, el jurado ha concedido un doble premio al diseño de las Oficinas de la Nueva Sede Corporativa y Logística de Ermenegildo Zegna, de Alfredo Arribas, y los Pabellones del Restaurante Les Cols, de Ramon Vilalta Pujol, Carme Pigem Barceló y Rafael Aranda Quiles. En el apartado Intervenciones breves, ha ganado el premio FAD, el Canal Accesible, de Toni Abad, mientras que en la modalidad Ciudad y Paisaje han sido distinguidas las Estaciones de Metro de Oporto, diseñadas por Eduardo Souto de Moura. En la categoría Pensamiento y Crítica, el FAD ha recaído en el ensayo La Disolución de la estancia. Transformaciones domésticas, de José Morales Sánchez.
La entrega de los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo 2006, a la que han asistido destacados arquitectos e interioristas, ha comenzado con la apertura de la exposición de las obras finalistas, seguido de una conferencia del arquitecto Juhani Pallasmaa sobre el papel de la arquitectura en la era de la globalización.
500 proyectos presentados
Este año se habían presentado a los FAD más de 500 proyectos, 54 trabajos más que en la edición anterior -Portugal ha incrementado su grado de participación hasta llegar al 8% del total-, realizados por profesionales españoles y portugueses de la arquitectura, el urbanismo, el paisajismo, el interiorismo y el diseño. La selección ha sido llevada a cabo por un jurado tras más de 10.000 kilómetros recorridos, ocho viajes por toda la Península Ibérica y visitas a más de 40 localidades españolas y portuguesas.
Los criterios que más ha tenido en cuenta el jurado han sido "el compromiso profesional y el riesgo intelectual asumido por los autores". Los proyectos de las 30 obras finalistas permanecerán expuestas en la sede del FAD hasta el próximo 26 de octubre.
Los premios FAD, que el próximo año alcanzarán su 50 edición, han reconocido en ese medio siglo de vida obras de arquitectos como Oriol Bohigas, Santiago Calatrava, Federico Correa, Rafael Moneo o Arata Isozaki.

14/10/2006 | Actualizada a las 23:14h
La ampliación del aeropuerto de Barajas se alzó anoche con el premio Stirling, que concede el real colegio de arquitectos británicos RIBA. Es la primera vez que Richard Rogers, autor del diseño, gana el más prestigioso galardón en arquitectura del Reino Unido, dotado con unos 30.000 euros. El jurado dio a conocer su decisión en una recepción celebrada en la sala cultural Roundhouse, en Londres.
Barajas no estaba entre los proyectos favoritos de la undécima edición del Stirling. Más posibilidades parecía contar otro diseño de Rogers también inaugurado en 2006, la sede de la Asamblea Nacional de Gales, en Cardiff. El arquitecto británico partía con ambas candidaturas frente al celebrado Centro Científico Phaeno Centre, en Wolfsburg, Alemania, de la arquitecta Zaha Hadid; el Hospital Infantil Evelina, de Londres, de Hopkins Architects; la Biblioteca de Whitechapel, al este de Londres, de Adjaye Associates; y una vivienda privada del arquitecto Caruso St Jones.
El jurado celebró la "clara secuencia de espacios espectaculares" con los que Rogers soluciona el flujo constante de pasajeros y equipajes. Resaltó también "la simplicidad y claridad" del diseño y la "elegancia" de su techo saliente, que actúa como elemento unificador imponiéndose sobre el resto del edificio.

La nueva terminal internacional del Aeropuerto de Madrid-Barajas, la T-4, recibió hoy el Premio Stirling, galardón concedido por el Instituto de Arquitectos Británicos y considerado como el más prestigioso del Reino Unido en arquitectura.
Richard Rogers, arquitecto del edificio, recogió el premio, dotado con 20.000 libras (29.000 euros) en nombre de su estudio, que también es responsable del Centro Pompidou de París o la Cúpula del Milenio de Londres. "Sin duda es el proyecto más apasionante en el que he trabajado desde hace décadas", afirmó Roger durante el acto, celebrado en Londres.
La T-4 tardó seis años en construirse y entrar en funcionamiento y costó 6.000 millones de euros, pero ha conseguido duplicar la capacidad del principal aeropuerto de la capital española. La inauguración oficial tuvo lugar el pasado 4 de febrero, un acto en el que participó el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
"Desde cualquier punto de vista, su perfil irregular y complejidad no puede ser subestimada", afirmó el jurado del premio. Además "consigue compatibilizar dos grandes retos, la eficacia en la gestión de los flujos de pasajeros en constante cambio y la de sus equipajes", continúa el fallo del premio. "El edificio resultante presenta una estructura lineal que delimita una clara secuencia de espacios espectaculares tanto para los pasajeros que llegan como los que parten", concluye.

DENVER — For those who admired Daniel Libeskind’s early work, his recent trajectory has been painful to watch. After soaring to stardom in 1999 with the evocative zigzagging form of his Jewish Museum in Berlin, he has suffered humiliation in his role as master planner at ground zero, not so much for his design as his consistent refusal to stand up for it. And his worst buildings, like a 2002 war museum in England suggesting the shards of a fractured globe, can seem like a caricature of his own aesthetic.
The new addition to the Denver Art Museum captures all of the contradictions within Mr. Libeskind’s oeuvre. Its bold, often mesmerizing forms reaffirm the originality of his talent, yet its tortured geometries make it a daunting place to install or view art — hardly a minor drawback. And for all its emotional power, the building seems eerily out of date, and its flaws readily apparent.
The centerpiece of the city’s new cultural district, the museum is composed as a series of interlocking rectangles evoking a pile of boxes tumbling across the site. The entrance faces a new plaza dotted with trees that links the Civic Center with the Golden Triangle, a neighborhood of once-dilapidated boarding houses that developers are transforming into a hip neighborhood for young urbanites.
The new plaza is a well-worn formula: museums, shops and a loftlike apartment complex, also designed by Mr. Libeskind, that are intended to manufacture an instantly vibrant street life. Civic leaders promise that it will help revitalize downtown Denver. (The museum opened on Oct. 7.)
Within this context the museum can be magical. In its most striking feature, a triangular form at one corner shoots out over a street toward the old Gio Ponti museum building. A bridge connects the two buildings just underneath. Other forms tumble out toward the plaza, partly sheltering the entrance. Yet the genius of the exterior lies in how its appearance changes when viewed from varying directions. Fragments of the cantilevered beak-like form can be gleaned between towering downtown buildings; from other angles the structure seems static and bunkerlike. At night the building tends to flatten out, giving it a strange stillness.
Mr. Libeskind pulls some of that energy right up through the building. Visitors enter the galleries by ascending a staircase that spirals up through a four-story atrium lobby. As you climb, the staircase gets tighter, more intimate. Slivers of daylight enter through slotlike skylights set where the walls intersect, so that at times the building looks as if it were pulling apart at the seams. Farther up, beams crisscross the space as if to prevent the walls from falling in on you.
The intersecting geometries yield the sort of wonderfully odd, leftover spaces typical of an attic, and Mr. Libeskind takes advantage of this by setting up small sitting areas within some of them.
Resting on a sofa, you may catch a glimpse of a silhouetted figure wandering up the staircase several levels above. At other times the experience can be like entering the jarring, riotous forms of an Expressionist canvas by Max Beckman.
Yet this is a place for viewing real works of art. And if criticizing contemporary architects for creating flamboyant museums that mistreat the art they house has become a tiresome pastime, it is overwhelmingly justified here. In a building of canted walls and asymmetrical rooms — tortured geometries generated purely by formal considerations — it is virtually impossible to enjoy the art.
The curators have made a valiant effort. Some of the sculpture, for example, looks terrific here. Antony Gormely’s 2000 “Quantum Cloud XXXIII,” an anonymous figure fashioned from stainless steel rods, seems to splinter off into space, as if the entire building were floating in pieces around it. But paintings by Degas and Pissarro look absolutely lost in the chaos of the surroundings. A row of Campbell’s soup can paintings by Warhol hangs on one side of a column, as if the curators had given up trying to find a suitable spot for them.
Just as disconcerting is how dated the building looks. Its titanium cladding, whether a respectful homage or a tired appropriation of the famous skin used for Frank Gehry’s Guggenheim Museum in Bilbao, Spain, looks oddly familiar. And more generally, it can remind you of Mr. Libeskind’s geometries in earlier projects: the boxlike tumbling forms of an unbuilt addition for the Victoria and Albert Museum in London, the skewed cantilevered shapes of the Contemporary Jewish Museum in San Francisco. It’s as if you’ve seen the same building again and again. And unlike, say, Mr. Gehry’s best work, the structures often seem shaped entirely by their own internal logic; their relation to their function and the buildings around them seems strained or artificial.
This problem may be related to the arc of Mr. Libeskind’s career. Many of his contemporaries spent the first phase of their professional lives in a desperate struggle to build, laboring night and day as unknowns, churning out design after design that went nowhere. But in the process they built up a storehouse of ideas they could draw on when they finally made a name for themselves and commissions began to pour in.
Mr. Libeskind spent the first decade or more of his career as an academic. By the time his Berlin museum was completed, he was 54 and had spent an entire decade pouring his heart into a single building that remains his greatest architectural achievement. His newfound celebrity resulted in a torrent of commissions, yet it seems as though he is struggling to expand on that earlier language, as if his stardom has not allowed him the time or space to explore new strains in his work.
The residential and retail complex he designed across the plaza from the museum looks like a cheap knockoff of his own building. Wrapping around two sides of a five-story parking structure, it lacks compositional rigor.
Oddly shaped forms are grafted onto the facades with no apparent rhyme or reason. A gridlike facade of crisscrossing mullions looks cheap and overwrought. And the interiors are blandly conventional except for the random positioning of some windows, which do make for some strange views.
You can’t help wondering what all this bodes for Mr. Libeskind’s future. He is building a German military history museum in Dresden and a performing arts center in Dublin; he is at work on more than two dozen residential and office towers in cities like Milan, Singapore, Toronto and Sacramento, Calif. Some of these clients are serious about producing quality architecture; others are probably in it for the Libeskind name.
But for any architect the proof is in the work, and Denver is a maddening bundle. At turns enchanting, predictable and irritating, it is uncompromising in all the wrong ways.
08/10/2006
Sentados en sacos de lona, los visitantes podrán deslizarse por el tobogán principal, que comienza en el quinto piso, a velocidades que pueden alcanzar los 48 kilómetros hora, según adelanta hoy el dominical "The Sunday Times".La defensa de los centros históricos tiene una larga, contradictoria y a veces, paradójica historia. El urbanismo industrial se inició con la polémica urbanística parisina entre la cultura y la economía. Perdió el intelectual Víctor Hugo, ganó el abogado Haussmann.
En los años veinte del siglo pasado, en cambio, el tejido medieval de Paris que todavía quedaba en pie, se salvó gracias a la sensatez. Esta vez, perdió la batalla Le Corbusier pero, la guerra para agredir a los centros históricos la ganó el Movimiento de la Arquitectura Moderna.
La Carta de Atenas se convirtió en soporte teórico y operativo para ensanchar calles, derribar palacios y substituirlos con bloques de hormigón, ladrillo y vidrio. La autoritaria gestión urbanística se encargó de ello. El resultado final fue la pérdida de un estimable y valioso patrimonio cultural urbano. En Sevilla, sus lacerantes huellas aún nos torturan: el derribo de un palacio para substituirlo con una gran tienda, la calle Imagen, la fragmentación con pasajes comerciales de varías manzanas del centro, etcétera.
Sin embargo, en el ámbito internacional, ya durante la posguerra, comenzó a cuestionarse la unidireccionalidad del desarrollo y el reduccionismo operativo basado en principios únicos y excluyentes. La ciudad dejó de ser considerada una mera acumulación "zonificada" de actividades y de objetos construidos cuyo crecimiento debía responder a certeras previsiones. Tampoco la arquitectura podía ignorar el entorno en el que emerge. La sociedad postindustrial comenzaba a tomar cuerpo. Los centros históricos recuperaron su prestigio. Era impostergable protegerlos.
La construcción de la ciudad no podía seguir considerándose como un problema estrictamente técnico, productivo y económico destinado garantizar la rentabilidad financiera y la arrogancia del poder. Se evidenció su dimensión social activa. Fue la razón del artículo 46 de nuestra Constitución.
Actualmente, huelga negar que la ciudad sea un producto empresarial. En Europa no lo puede ser. En teoría no lo es, pero, en la práctica, si se toma en cuenta, la gestión de la mayoría de Ayuntamientos incluso de aquellas ciudades reconocidas como Patrimonio de la Humanidad, lastimosamente parece que sí. A los Bancos, al capital, a los promotores inmobiliarios, a los inversionistas, les resulta intrascendente e inútil comprender que la ciudad es un complejo objeto cultural con extraordinario dinamismo en el que se materializa el sistema de producción o, como entiende Castells, los modos de desarrollo. No aceptan que el centro histórico es un bien social inmueble donde se inter-relacionan los depredadores flujos del mercado (globalización) con las urgentes demandas de la identidad local.
Hace pocas décadas se revindicaba el derecho de las ciudades a la modernización para justificar las groseras intervenciones en el patrimonio cultural inmueble. Quienes se oponían eran acusados de retardatarios. Ahora, no es fácil distinguir quien es quién y resulta cada vez más difícil porque el espacio de discusión enriquecedora está desierto. Desde los Ayuntamientos, ya no se gobierna, ni se hace política, ni se fomenta la civilidad, ni el derecho a la ciudad Ahora, se gestiona. Como si de una empresa o un conjunto de empresas se tratara. Gestionar supone sacrificar el diálogo por la eficacia, el enriquecimiento cívico por el lucrativo, el seco pragmatismo por la cálida reflexión, el resultado inmediato por el proceso de enriquecimiento participativo. No se escucha; se deja hablar. Esa aparente tolerancia no es democrática, en el fondo, también es autoritaria.
Mientras los ciudadanos se organizan para que se aplique el artículo 46 de la Constitución y se enriquezca el patrimonio cultural en los Conjuntos Históricos, los alcaldes ejecutan planes a su manera. Aquellos defienden la peatonalización del centro histórico; los políticos entienden que para ello es indispensable garantizar la comodidad del coche, del transporte privado mientras el transporte público cada día pierde calidad. Lo que cuenta es garantizar el lucro de lo privado con la gestión/inversión del dinero público.
El patrimonio cultural de los conjuntos históricos se está gestionando con los voraces paradigmas de la economía inmobiliaria que, además van acompañados del mal gusto. Además de hamburguesarnos, nos están horterizando. No puede ser.
Jorge Benavides Solís es Profesor Titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla.
Es un edificio con su seña de identidad: el revestimiento exterior de titanio de formas ondulantes
Gerardo León
El Universal
Jueves 05 de octubre de 2006
En contraparte, aparece una nueva visión contemporánea apegada a la tendencia internacional del diseño de espacios.
Dentro de este concepto, la idea de una sala compuesta por tres sofás, como generalmente se estilaba, ha quedado como costumbre de una vieja forma de amueblar el interior de la casa.
Ahora aparecen estancias conformadas por largas bancas adosadas a nivel del piso y, sobre ellas, cojines que aportan el confort que anteriormente pudiera ofrecer un sillón.
También destaca el uso de los materiales más representativos de la arquitectura de nuestra era, como el cristal, el acero inoxidable y el concreto, sin que otros más comunes en nuestras latitudes, como la piedra volcánica, la cantera o los mármoles, dejen de tener su importancia.
Todo esto se aprecia en la obra del arquitecto mexicano Bernardo Gómez-Pimienta, quien ha diseñado una residencia ubicada al poniente de la ciudad de México en la que manifiesta una marcada intención por salir de los estándares convencionales, de una manera elegante y vanguardista.
Propuesta mexicana, única
La casa lleva por nombre AV y es un homenaje a la sobriedad: su geometría se basa en líneas rectas y la mayor parte de sus muros son blancos.
"El proyecto consistió en la remodelación de una casa de los años 60 ubicada sobre una importante avenida de la ciudad de México.
Mi intervención radicó en el cambio de la piel exterior y en la redefinición de los espacios interiores, de acuerdo con las necesidades del cliente", explica Gómez-Pimienta en la memoria descriptiva.
El arquitecto refiere que una parte esencial de la remodelación consistió en darle continuidad a los materiales del interior hacia el exterior.
Ejemplo de esto es que en la fachada aplicó piedra tipo recinto, que también luce como parte del acabado de un muro en el que se encuentra una chimenea, junto la sala.
Luego, colocó mosaico veneciano color negro en el espejo de agua instalado en el exterior, junto a los ventanales de la estructura principal de la residencia. El mismo tipo de mosaico, sólo que blanco, se observa en el comedor y en otras estancias.
Con ello, Gómez Pimienta nos demuestra que, en la actualidad, el mosaico no sólo es un material exclusivo de albercas, baños y cocinas.
"Las áreas jardinadas de esta casa se renovaron completamente, con la intención de crear ambientes de disfrute y descanso tanto al interior como al exterior", dice el arquitecto.
"La planta baja es transparente gracias a sus cristales y da la sensación de flotar sobre el espejo de agua, confinado por muros paralelos de piedra volcánica", describe.
Además, dice que todos los espacios interiores "fluyen hacia el exterior a través de espejos de agua y hacen juego con otros materiales integrados en muros y pisos, como la grava de mármol o la corteza de árbol, creando distintos escenarios".
Vestigios de minimalismo
A lo largo de su trayectoria, el lenguaje arquitectónico de Gómez-Pimienta se ha distinguido por su marcada inclinación hacia lo neutro.
Después de que junto con Enrique Norten creara el hotel Habita, de Polanco (una de las edificaciones que se convertirá en ejemplo claro de la tendencia minimalista, cuyo auge se dio a finales de los años 90 y que después dejara de prevalecer en el diseño de espacios), el destacado arquitecto conserva todavía parte de ese estilo en su trabajo.
Así lo demuestra en esta residencia, aunque de una manera renovada, aplicando ciertos detalles coloridos, como en el caso del comedor, donde los respaldos de las sillas lucen colores que van desde el naranja hasta el rojo quemado, como haciendo énfasis en la importancia de mantener toques cálidos para que el salón no se torne frío.
Arquitecto multidisciplinario
Actualmente, el arquitecto Gómez Pimienta trabaja en diferentes proyectos residenciales, además de tener a su cargo la dirección de la carrera de Arquitectura de la Universidad Anáhuac del Norte y presidir su firma BGP.
Arquitectos: BGP Arquitectura, Bernardo Gómez-Pimienta, Hugo Sánchez y Luis Enrique Mendoza. Colaboradores: Edson Castillo, Santiago de la Mora y Mayte Espinosa. Construcción: Grupo V y G.
Algunos lectores suponen que uno se lo pasa viajando y, lamentablemente, no siempre es así, aunque evoquemos con alguna frecuencia hechos y episodios recogidos en un viaje.
Dejo sentado esto para referirme a renglón seguido a los ecos de la Bienal de Arquitectura de Venecia, donde no estuve, que este año dio origen a comentarios no siempre elogiosos.
Una de esas crónicas es la que, con la firma de Richard Ingersoll, publicó el suplemento Babelia del diario El País, de Madrid. En su artículo, el colega británico destaca la ausencia de arquitectura en el encuentro de 2006.
En la última versión a la que concurrí, dirigida por Massimiliano Fuksas, todavía tenían protagonismo los grandes conjuntos edilicios diseñados por célebres estudios y se dieron premios a lo que se da en llamar star architects .
Años antes, en pleno verano del posmodernismo, una instalación llamada Vía Novíssima contaba, a ambos lados de lo que imitaba una calle, con fachadas diseñadas por nombres célebres: Hans Hollein, Robert Venturi, Henry Moore, entre otros. Era una especie de recetario de fórmulas arquitectónicas impregnado con Air du Temps y con el prestigio del escenario donde se exponía: la Bienal de Arquitectura de Venecia, nada menos.
Por fortuna para la sociedad y para la misma arquitectura, aquellos modelos no sobrevivieron y forman parte hoy de lo que procuro: una evocación anecdótica de intentos escenográficos que se autotitulaban Arquitectura .
Acaso sea por influencia de estos antecedentes que Richard Ingersoll deplora desde su título que en la muestra veneciana se hayan presentado ciudades sin arquitectura . Y su reproche alcanza al director de la exposición, el arquitecto y urbanista Richard Burdett, que además de profesor en la London School fo Economics es actualmente asesor arquitectónico del alcalde de Londres.
Sin tener el placer de conocerlo, aplaudo a Burdett por su idea y su obstinada decisión de poner el acento en el estado de las metrópolis y la deuda que se agiganta con el cuerpo social; por haber cubierto las paredes con vistas aéreas de aquellos conglomerados acompañadas con palabras como Sostenibilidad y Justicia social .
Cabe mencionar que, por resolución de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), en la primera semana de octubre se celebra en todo el mundo el Día de la Arquitectura.
Día de la Arquitectura
No se trata de una jornada dedicada a los arquitectos, sino a su disciplina, a aquella que los conquistó vocacionalmente y a la que han consagrado su vida. Por eso me pareció que era oportuno destacar lo que se puede ver en el predio veneciano hasta el 19 de noviembre, y examinar la vigencia de "lo arquitectónico" frente al fenómeno de la ciudad y la noción de "lo urbano". Y sigue pareciéndome esencial, en cuanto a nuestra misión como arquitectos frente a la sociedad, entender cabalmente la necesidad de reaccionar ante un proceso que parece marchar hacia la muerte de la ciudad.
No se trata de un discurso agorero ni de un juego de pronósticos: cada uno diseña y construye una pieza más o menos lograda, más o menos brillante, en medio de un mapa en el que la ciudad naufraga en la fragmentación y la progresiva falta de identidad.
En la disyuntiva -a mi modo de ver, ficticia- que plantea nuestro colega británico en el inicio de su artículo, me atrevo a decir que, ciertamente, prefiero que haya Ciudades sin Arquitectura antes que decidir que tengamos Arquitectura sin Ciudades , que de algún modo es el camino por el cual estamos marchando. Y me parece harto peligroso.
Por Luis J. Grossman
luisjgrossman@gmail.com
Inventó la fachada de módulos reemplazables, el elemento constructivo precursor de los muros cortina con los que se forran los edificios acristalados. Trasladó el lenguaje formal de los coches al mobiliario y sus hallazgos están hoy en la base de la arquitectura de proyectistas como Renzo Piano o Norman Foster. Jean Prouvé (París, 1901-Nancy, 1984) se adelantó al high tech. Herrero de formación, diseñó como un ingeniero. Pero no le gustaba la palabra diseño. Prefería definirse como constructor. Tal vez por eso, su aportación estaba más presente en las fachadas de muchos edificios de París que en las escasas líneas que le dedicaban las historias de la arquitectura. Últimamente, proyectistas como el japonés Shigeru Ban, que también utiliza los muebles como apoyo, lo han devuelto a la luz. Una exposición en el Vitra Design Museum y la edición del mayor estudio hasta la fecha sobre el personaje y su obra, Jean Prouvé. La poética del objeto técnico, lo reivindican ahora. Se reordenan sus ideas como inventor, sus apuntes como profesor, sus innovadores diseños y sus métodos constructivos. Pero además afloran varios lados del personaje: desde el político -colaboró con la Resistencia fabricando carburadores de madera y terminó siendo alcalde de Nancy- hasta el profesor -durante trece años impartió lecciones legendarias en el Conservatorie Nacional des Arts et Métiers de París animando a sus alumnos a desechar cánones y libros y a decidir y experimentar por sí mismos lo qué era una obra maestra-. Los nuevos ensayos redescubren también al empresario que fue antes de convertirse en diseñador y sus dificultades para mantenerse en un mercado trascendente, pero, entonces, todavía incipiente. Aparece, finalmente, el crítico de arquitectura que consideraba antinatural que la vivienda durara más de treinta años, que no entendía que uno estuviera obligado a vivir como sus padres y que, en 1971, presidió el jurado que eligió a dos treintañeros, Renzo Piano y Richard Rogers, para levantar el Centro Pompidou.
Bruno Reichlin, el comisario
de esta exposición, ha afirmado que Jean Prouvé era la persona "detrás de muchos triunfos ajenos". Además, explicó su talante como una obsesión por simplificar las cosas. "El aislamiento es la enfermedad de los arquitectos", dejó escrito él, que sacó muchas de sus ideas para construir muebles de las carrocerías de los automóviles. Prouvé estaba cerca de los ingenieros como Pier Lugi Nervi, que trabajaban con un pie en la naturaleza y otro en la lógica. Precisamente la admiración por la belleza de la lógica le llevó a trabajar con Le Corbusier y a diseñar las cocinas y las escaleras de la Unité d'Habitation, en Marsella. La amistad con Le Corbusier lo empujaría, diez años después de la muerte del arquitecto, a levantar el campanario de la capilla de Ronchamp, concluyendo así el trabajo de su amigo.
"Mi padre no tenía más formación que el trabajo y con frecuencia se preguntaba si teniendo una educación hubiera sabido ver lo que vio", recordó su hija Catherine en la inauguración de la muestra. Prouvé se formó como herrero y esa manera práctica de trabajar -hacer en lugar de dibujar- marcaría sus intereses. Buscaba soluciones y la mejor era siempre la más sencilla, la más económica, la más liviana. Esa búsqueda lo convirtió en inventor: de la fachada modular a la junta de neopreno, de las escuelas itinerantes a las viviendas prefabricadas. Y lo empujó a relacionarse con personajes con vocación casi revolucionaria y hoy, sin embargo, casi olvidados. El catálogo de la exposición redescubre esas historias pequeñas, como la relación con el madrileño Rafael Laoz de la Fuente, que había inventado un sistema constructivo, Módulo Hele, que Le Corbusier comparó en importancia a sus ideas de los años veinte y treinta.
"No debería dibujarse nada que no se pueda construir", inculcó Prouvé a sus alumnos. Enseñaba que no había diferencia entre construir un mueble o una casa. Y predicaba que diseñar era un negocio muy serio: "Tiene que ver con la eternidad. Con la voluntad de hacer algo que dure para siempre". Tal vez por eso las formas de sus sillas eran estrictas, pero no rectilíneas. Seguían los trazos ergonómicos del cuerpo y la naturaleza, pero sin recrearse. Así, Bruno Reichlin afirma que "las sillas de Prouvé son todo músculo". Y él mismo solía calificar el estilo más como una flaqueza humana que como un ideal. Las viviendas prefabricadas, la otra gran aportación del personaje, eran para Prouvé un tema meramente económico. De nuevo una cuestión de lógica. Defendía que el ladrillo era el primer elemento prefabricado y que no querer evolucionar hacia una mayor prefabricación era un retraso. "Constructivamente nos hemos quedado atrás. No se entiende que una vivienda se construya en dos años y un coche en dos horas", dijo. Sabía de qué hablaba. En 1936 había levantado en tres meses la estructura metálica para sujetar un aeródromo. "Era tan ligero", explicó años más tarde a sus alumnos, "que se lo llevaron los alemanes".
Jean Prouvé. La poética del objeto técnico. Vitra Design Museum. Charles-Eames-Str., 1. Weil am Rhein (Alemania). Hasta el 28 de enero de 2007.